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Una mujer ultrajada, pero son cientos o miles

Una mujer ultrajada

Por Samuel Arango M.

En una cafetería bogotana me encontré con una exguerrillera reinsertada. Tenía unos 23 años aunque aparentaba más de 30. Nos presentamos, ambos participábamos en un seminario internacional sobre minas antipersonas.

Hablaba con la calma fría del alma herida. Me contó que vivía en el campo, cerca a Samaniego, Nariño. Sembraba maíz con sus padres y un hermano más. Cierto día llegaron a su casa unos 10 guerrilleros de las Farc, fuertemente armados. Ella tenía 15 años. Hablaron con sus padres y les comunicaron que se llevaban a la niña para que se enrolara en sus filas, dudaron en llevarse al hermanito pero afirmaron que el niño podía esperar un poco pues sólo tenía 10 años. Los padres suplicaron llorosos que no se la llevaran, los subversivos les prometieron que les enviarían una buena suma de dinero mensual, nunca cumplieron.

Se internaron en el gran macizo colombiano. Varios días de caminata hasta llegar a un campamento en el Ecuador. Allí le dieron instrucción militar y le enseñaron, junto con otros niños, a armar las minas antipersona. Horas de adoctrinamiento, basado en el odio a los explotadores terratenientes, a los comerciantes, a los militares, tanto soldados como policías. Cantaban cada mañana el himno de la organización mientras izaban la bandera de Colombia, ornada con el escudo de las Farc.

La metralla clavos, tornillos, pedazos de lata que contenían las minas que aprendieron a elaborar tenían que ser impregnadas de sus propias materias fecales, para que no solo hirieran a las víctimas sino que les causara una severa infección. Conoció una mina que habían desarrollado en su grupo que no explotaba sino que cuando la pisaban brincaba y explotaba en la cara.

Le toco ver la angustia de un campesino de la región que perdió una de sus piernas en una mina que ella había construido y colocado. Los jefes le pedían a este humilde campesino 500 mil pesos por “haber dañado la mina” El campesino huyó con toda su familia.

Los viernes, la niña temblaba. Al aproximarse la noche, luego de la cena, le informaban el nombre del guerrillero del campamento que ese día debía recibir sus caricias, sus favores sexuales. Con dolor en el alma perdió su virginidad y debió aguantar cada fin de semana los clientes revolucionarios. Hasta que decidió conquistar a uno de los comandantes del grupo. A partir de ese momento recibió mejor trato ya que era exclusiva de su nuevo dueño, que la hacía respetar aunque no la respetaba él mismo. Por desgracia quedó embarazada a los 16 años. Por meses ocultó su secreto hasta que su novio la descubrió. La llevaron a una carpa hospital y una estudiante de  medicina le hizo un raspado dolorosísimo, en el cuerpo, pero especialmente en el alma. Vio a su bebé descuartizado, en pedazos. Lloró muchos meses y su rostro perdió la sonrisa para siempre.

Decidió escapar a la primera oportunidad, tardó dos años más en lograrlo y lo hizo cuando la tropa se acercó, en medio del combate. Ahora tiene otro nombre y trabaja en un empleo que le permite estudiar y ganar su sustento. Se llevó su familia para la gran ciudad. No ha podido enamorarse porque la vergüenza se le metió en sus entrañas. Ansía la paz,  pero ella ya no tiene paz.

Fábula no fabulosa

FÁBULA NO FABULOSA
Por SAMUEL ARANGO M.

“Una vez, tres toros estaban paciendo en un prado. Oculto tras unos matorrales acechaba un león, pero no se atrevía a atacarlos porque estaban los tres juntos. Pensó emplear la astucia y acercándose comenzó, con pérfidas insinuaciones, a fomentar la desconfianza entre ellos. La estrategia tuvo pleno éxito: los tres toros empezaron a mirarse con recelo y al poco rato se fueron apartando uno de otro, esquivándose deliberadamente y paciendo cada cual por su cuenta. No esperaba otra cosa el león. Se arrojó sobre el primer toro, luego sobre el segundo y finalmente sobre el tercero y los destrozó”. (Enciclopedia UTHEA para la Juventud).

Casi 50 años echando bala, para nada. Cerca de 50.000 muertos para nada. Incontable número de heridos, para nada. Más de 3.000 secuestros, para nada. Cerca de 15.000 niños reclutados y armados, para nada. Miles de víctimas de minas antipersona para nada. Pueblos destruidos, para nada. Billones de pesos en petróleo derramado, para nada. Con las armas no lograron nada. Eran terroristas, eran secuestradores, eran asesinos, eran saqueadores, eran extorsionistas, eran victimarios. Con tantos años de muerte, miseria y terror, los logros de la guerrilla en los pasados 50 años eran todos negativos y perversos.

Pero de la noche a la mañana todo cambió. La varita mágica del presidente Santos los convirtió, como en los cuentos de hadas, de sapos en príncipes. Ahora, no son terroristas, son combatientes. Ahora no son victimarios, son víctimas. Ahora no son narcoterroristas sino adversarios políticos. Los crímenes, incluidos los de lesa humanidad, ya no son crímenes, ahora, por la varita, son simplemente errores. Los procesos penales se suspenden para darles puesto con el Estado. No habrá cárcel para ellos. La cárcel para los de ruana o para los contradictores del Santo régimen. Ellos ahora serán senadores, diputados, concejales. Todos los colombianos que hemos sufrido pagaremos con nuevos impuestos sus nuevos cargos. De deshonestos y criminales a doctores, con una firma, con la varita.

Las inmensas fortunas que los guerrilleros poseen se respetarán. Las caletas con billones de pesos se quedarán con ellos, los jefes. Las tierras, miles de hectáreas a nombre de terceros, serán de los jefes. Los dineros en la banca extranjera, millones de dólares y de euros, se quedarán para deleite y gloria de los cabecillas de la iniquidad. Paraísos fiscales para ellos en los países cómplices como Venezuela y Cuba. Ahora son caballeros.

La guerrilla logró en 3 años lo que no pudo en 50. Ahora las armas seguirán siendo las que disparan, explotan y matan, porque no las van a entregar pero también serán las palabras de ellos, los que han sido graduados de honestos, contra los deshonestos que hemos trabajado toda la vida y que hemos conseguido algo con el trabajo honrado, continuo y duro.

Lo negro es ahora blanco, lo blanco es ahora negro. El gris se ha terminado por decreto. Que quede claro: ¡Ansío la paz con justicia!

(Traducción de la fábula: El león: Farcsante. Los tres toros: Legislativo, Ejecutivo y Judicial…).