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El Angel; una historia real

El Angel

Samuel Arango M.

El noticiero de las siete de la noche abrió su espacio con una impresionante imagen de una mujer que colgaba de un balcón de un octavo piso. Según el locutor, durante tres horas esa mujer de unos treinta años de edad estuvo a punto de lanzarse al vacío. La posible suicida había asesinado horas antes a su pequeña hija de sólo tres años. Las imágenes mostraron cuando un policía poco a poco se acercó a ella y con un rápido movimiento la tomó del brazo y evitó que se lanzara. Al día siguiente, la fotografía de todos los periódicos mostraba en primera página a la mujer en el balcón en el momento de ser rescatada. No había aún una clara razón que la motivara a efectuar semejante crueldad. La noticia me impactó, como a todos en la ciudad, pero pronto me vi inmerso en el denso trajín de un trabajo agobiador.

A la mitad de la mañana, la secretaria me informó que había una llamada telefónica para mí, con carácter personal. Tomé la bocina y respondí:

Aló, ¿hablo con el Cónsul de Colombia?

Sí señor, en qué puedo servirle,

Señor Cónsul, ¿vio usted la noticia de una mujer que asesinó a su niña y que luego intentó suicidarse?

Sí, claro, impresionante y dolorosa.

Señor Cónsul, esa mujer se llama Alicia, está en la cárcel central, es colombiana y necesita su ayuda.

¿Puedo saber quién habla?, indagué.

No importa, por favor ayúdela.

Durante varios minutos me quedé mirando la ciudad que se dominaba desde mi ventana. Varios sentimientos encontrados se atropellaron en mi mente. Caía una suave nevada.

Al día siguiente, en la cárcel central, pabellón femenino, me encontré con una joven abogada de oficio que le había sido asignada a Alicia. Nos sentamos en una de las pequeñas salas de visita de la prisión y ella me narró la historia completa. Me alertó que Alicia estaba muy trastornada, a ratos incoherente. Que había aceptado verme pero que a lo mejor no se daba cuenta de lo decía o hacía. Que entendiera las circunstancias.

Cruzamos las rejas que nos separaban del cubículo para visitas especiales. La abogada entró primero, luego yo. Lo que vi, no se me ha podido borrar de la mente. Una pequeña mujer, con los pies montados en el estrecho taburete, vestida con una bata antisuicidio, me miraba desde el fondo de su ser con pánico. Temblaba como un pajarillo recién capturado. Sus ojos verdes, vidriosos, eran una mezcla extraña de enajenación y realidad. No pude hablar. Me senté a su lado en otra silla y simplemente le tomé la mano. Así estuvimos, mirándonos a los ojos, varios eternos minutos. Poco a poco me percaté de ella. Medía un poco más de metro y medio. Blanca, pálida, cerosa, menuda. Un pelo rubio y encrespado, enloquecido, rodeaba su cabeza. Unas manos muy finas que me causaron escalofrío. Las imaginé apretando la almohada contra el rostro de la niña.

Seguíamos callados los tres. Al fin, irreverente, rompí el sagrado silencio:

– Alicia, no tema. Sólo quiero ayudarla, si usted acepta.

Nuevamente nos miramos despacio a los ojos. Su temblor era ahora más suave. Empezó a balbucir frases cortas:

– Mi niña era un ángel. Yo la adoro. Soy un monstruo. Lo hice para ayudarle, ahora está a salvo. Ella era un ángel. Me van a matar. No quiero que sepan en Colombia. No hagan escándalo. Mi niña era bella. Mi niña, mi niña, mi niña, mi niña…

Yo solo atinaba a balbucir también algunas palabras. No tema. Amor es lo único que sana. Confíe en Dios, en la gente buena.

La abogada miraba sin comprender las pocas frases que nos decíamos, ella no hablaba español. Alicia entró como en letargo y se quedó con la vista fija en mi. No volvió a modular. La abogada hizo una señal y la guardiana que había permanecido en la puerta entró para llevársela.

Le prometí a Alicia que volvería al día siguiente, si ella quería. Dijo sí con la cabeza y nos abrazamos. Sentí, cuando caminó alejándose de mí, que parte de mi alma también quedaba presa.

Le pedí a la abogada que era urgente la asistencia profesional de un sicólogo. Ella estuvo de acuerdo y de hecho ya había pedido esa ayuda. Nos citamos al otro día, a las 10 de la mañana. Sería una larga espera.

Esta vez Alicia estaba sola. Entró a la pequeña sala donde yo la esperaba arrastrando su tragedia. Ojos brotados y brillantes, caminar lento y pesado, cabeza agachada. La abracé y nos sentamos frente a frente. Ahora hablaba hilvanando bien las ideas, siempre y cuando no se refiriera a su Angel. Cuando nombraba a la niña entraba como en trance y sólo decía palabras entrecortadas. No le volví a mencionar a la niña. Hablamos sobre el proceso que se venía. Sobre la abogada a quien ella le había tomado confianza. Sobre su aislamiento de las demás reclusas, por temor a que la asesinaran. Una hora escuché sus historias de la cárcel. Cuando salí, tenía clara una conclusión: Se iba a suicidar, no tenía más opción.

Pasaron los días, los meses. Continué hablando con ella, la mayoría de las veces por teléfono. Murmuraba horas enteras y casi ni le entendía lo que me decía. Hablaba bajito, como susurrando. Al final, colgaba tranquila. Ahora Alicia se ha dedicado a la oración y a servir a las demás reclusas. Empiezan a estimarla. El juicio se orienta a declararla enferma mental y por lo tanto, más que prisión, requiere tratamiento.

Mientras tanto, no para de taladrar mi mente la dura realidad. La cruel y despiadada historia detrás de Alicia. Su esposo, un europeo, era un ser depravado y monstruoso. Bebía y les pegaba a ella y a la niña. Trató de abusar sexualmente de su angelito y ella lo abandonó. Luego se inició la lucha legal por la custodia de la hija. Varios meses de angustia. Alicia no permitiría que el ángel cayera en manos de un demonio. Haría hasta lo imposible. Pero un desgraciado hecho la desquició. Perdió su trabajo. En esas condiciones no podría garantizarle al Angel las condiciones exigidas. Por eso, tomó la almohada cuando el Angel dormía y la ahogó. Luego ella se tomó todas las píldoras para los nervios y para dormir que tenía, para morir al lado de la niña. Todo había terminado. El monstruo no tendría al Angel.

De pronto, unos golpes la despertaron. Ella contempló aterrorizada el cuerpecito frío que yacía a su lado. Miró por la mirilla de la puerta y vio al agente de la policía que tocaba el timbre. Corrió hacia el balcón, para tirarse del octavo piso. Abajo, empezó a arremolinarse la gente. La puerta sonaba con los golpes de los policías que la llamaban. No era capaz de brincar. Al fin, cayó la puerta, el agente se le acercó y trató de calmarla. No se tire, la ayudaremos, confíe. Ella no era capaz de lanzarse. La atraparon bruscamente. Al policía abrazarla para impedirle el movimiento, un papel que él llevaba en la mano se arrugó. Era la orden del juez que le concedía la custodia de la niña a la mamá.

NOS VEMOS JUAN

NOS VEMOS, JUAN

Por Samuel Arango M.

No se quién lo dijo pero estoy de acuerdo: “Libre es aquel que no le teme ni a la vida ni a la muerte”

Juan David Arango Palacio, fuiste todo vida desde siempre. Viviste con pasión y entrega cada momento de tu vida. Desde niño, que nunca dejaste de ser, hasta tu madurez que te dio confianza, fuiste el mismo. Patente en todo, oculto en todo. Disfrutaste lo que hacías con entusiasmo pleno. Gozaste cada instante como si no hubiesen más instantes. Te entregaste a las causas en las que creías. No escatimaste alegrías.

Quienes te amamos siempre y en toda circunstancia gozamos con tu presencia sentida. Compartimos tus gozos, nos ocultaste tus angustias. Fuiste generoso con la alegría, discreto con tu sufrir.

Tu partida fue planeada, como siempre planeaste todo. Te fuiste con la frente en alto, desafiante y altivo, orgulloso y sencillo. Los innumerables mensajes de despedida son todos gloriosos, agradecidos, amorosos, justos, muy justos. No fuiste perfecto, eso lo sabías, pero para ser humano tus defectos eran nada frente a tus dones, a tus gracias, a tus cualidades.

No te vas Juan, no lo puedes hacer. Te quedas con tu recuerdo amable y bello en nuestros corazones. Ahora lloro, Juan, pero me conforta la certeza de que fuiste un buen hombre, un ser sobresaliente en lo humano y lo profesional.

Te amamos, Juan, ahora y siempre.

Nos vemos Juan…

¡Dios te bendiga!

Que vivan los periódicos

¡Que vivan los periódicos!

Por Samuel Arango

16% de los colombianos lee prensa, 98% ve televisión. Pero esa diferencia no importa. Aunque la gente lee cada vez menos periódicos, estos tienen mil usos que un televisor no puede remplazar. Intente, por ejemplo, matar una mosca con el televisor… Estos son algunos usos del periódico, sacados de la experiencia propia, de la experiencia de otros, publicados unos y sin publicar los otros, inventados la mayoría:

– Madurar aguacates y políticos.  – Recoger la basura.  – limpiar los vidrios.  – Envolver el pesebre.  – Balancear las patas de la mesa coja.  – Empacar la vajilla en el trasteo.  – Tapizar la jaula del pájaro.  – Recoger las heces del perro.  – Cubrir los muebles y el piso antes de pintar.  – Evitar que se meta el agua debajo de la puerta.  – De tapete en las puertas de las fincas.  – De protector en el piso del garaje si el carro bota aceite.  – Prender chimeneas y asadores.  – En caso de necesidad como papel higiénico.  – Castigar al perro en el hocico cuando se orina en la casa.  – Recortar letras y fotos para las tareas de los niños.  – Construir cometas y globos.  – Elaborar títeres.  – Hacer barcos de papel.

– Molerlo, echarle engrudo y hacer mapas. – Envolver la panela.  – Ensanchar zapatos.  – Rellenar los bolsos para que conserven su forma.  – Envolver la carne.  – Empacar clavos en la ferretería.  – Hacer un sombrero de pintor.  – Enmascarar los carros en la latonería.  – Dar trabajo a voceadores y periodistas.  – Envolver flores.  – Empacar voladores y papeletas.  – Cortar moldes de modistería.  – Hacer rulos.  – Envolver cuadros en las marqueterías.  – Rellenar el muñeco de año viejo.  – Prender el marrano de navidad.  – Rellenar los regalos del amigo secreto.  – Fabricar el embudo de mago que desaparece el agua.  – Para papel picado en el estadio.  – Para que los extorsionistas usen sus letras en las cartas.  – Como cojín en el parque.  – Hacer bolitas y pegarles a los compañeros de clase.  – Como paraguas para que el aguacero no dañe el cepillado.  – Para hacer moldes y estampar las camisetas del equipo del barrio.  – Para usar como “ventosa” para sacar los vientos del cuerpo.  – Para calentar el estómago en los páramos.

– Forrar cuadernos.  – Con huecos a la altura de los ojos para esconder a los espías.  – Para que “los malos” escondan el revolver en las películas.  – Como vaina para guardar el machete.  – Para subir el ego de políticos, deportistas y lagartos.

– PARA ENTERARSE DE LAS NOTICIAS !!!

 

LOS NIÑOS Y LA INFORMACIÓN

 

Los niños y la información

 

Los derechos de los niños prevalecen sobre el derecho a la información

 

Este documento fue publicado por Bienestar Familiar y debe recortarse y pegarse en cada uno de los escritorios de los periodistas del mundo.

 

  1. Se prohíbe entrevistar a menores de edad que hayan sido partícipes, víctimas o testigo de un delito.
  2. Se prohíbe publicar o transmitir datos e imágenes que ayuden a identificar localizar a menores de edad que hayan sido partícipes, víctimas o testigos de un delito, o cuya integridad se encuentre en situación de riesgo.
  3. No es suficiente para la protección del menor de edad, cambiar el nombre para proteger su identidad y así emitir una entrevista en radio, televisión o prensa escrita.
  4. Las publicaciones y emisiones sobre adopción de menores no podrán incluir entrevistas ni imágenes que violen la intimidad de estos. Las historias sociofamiliares y el proceso están protegidos por una reserva legal de 30 años.
  5. La autorización de los padres, familiares o adultos encargados del menor de edad para divulgar información, no será válida, salvo en el caso de tratarse de información de contenido positivo para el niño.
  6. Los medios de comunicación sólo tendrán acceso a la información de las instituciones donde se encuentren menores de edad bajo protección del ICBF con autorización expresa del defensor de familia, quien es el responsable, a nombre del Estado, de la protección de los derechos de los niños.
  7. El lenguaje utilizado por los medios para hacer referencia a la condición física o mental o al comportamiento de menores de edad o a su condición, no podrá contener juicios, apodos o señalamientos que conlleven a su estigmatización o discriminación.
  8. Las notas periodísticas y las campañas que los medios promuevan con fines pedagógicos o de solidaridad social, no están exentas de cumplir las disposiciones legales de protección a la infancia.
  9. Recuerde siempre que en el caso de las personas menores de 18 años, no sólo la Constitución y el Código del Menor, sino también los convenios internacionales, obligan al Estado colombiano a proteger los derechos a la intimidad, la honra y el buen nombre de esta población, con prevalencia sobre los de los demás miembros de la sociedad.
  10. Cualquiera que sea la información en la que se vea involucrado un menor de edad, procure no hacerle daño. Pregúntese siempre a quién “beneficia” la noticia que involucra a un menor, y qué consecuencias traerá la misma.
  11. Se prohíbe revelar asuntos privados correspondientes a la esfera interna del niño y su familia, tales como costumbres, salud, creencias religiosas, entre otros.
  12. Se prohíbe la divulgación de toda información que, de ser conocida, originaría críticas hacia el menor de edad o desmejoraría la apreciación que los demás tienen de él.
  13. Cuando prepare una noticia que involucre a menores de edad, piense que podrían ser sus hijos, y pregúntese si le gustaría que ellos salieran en una información como la que usted va a publicar.

CARTA DE UNA ALUMNA

Recibí esta carta que siempre que la leo me hace llorar:

CARTA DE UNA ALUMNA MÁS PARA UN MAESTRO DE MUCHOS

Por Natalia Mejía Jiménez

No suelo escribir mucho y mucho menos he estudiado el arte de la palabra escrita, pero pienso que la ocasión amerita un esfuerzo de mi parte para expresarle a alguien muy especial en mi vida que lo acompaño en este tiempo difícil y que su corazón no es el único que lleva esta carga. Te acompañamos muchos… Son escasas las veces en que un adulto se atraviesa temprano en la vida de uno, no siendo sus padres o tíos, y que ayudan a formar tanto su carácter y su forma de ser como lo es éste caso para mí. Crecí con una familia hermosa, que me ha llenado de amor y buenos valores, pero por alguna razón la adolescencia trajo consigo muchas tentaciones, rumbas y cosas que parecían ser divertidas en su momento. En ese camino tedioso que es crecer, conocí otra familia muy especial, lo especial es que esa familia era encabezada por unos padres, que a mi manera de verlo cuando estaba creciendo, eran más que los papas de mi amiga, eran otros padres para mí. Su hogar (por que no sólo se le podía decir casa) era literalmente de puertas abiertas para el que quisiera entrar, aprender, pintar, organizar festivales, fiestas en la piscina, almuerzos con múltiples invitados sin avisar, así fuera con regaño de Tina, la empleada, incluido. Allí encontré y conocí muchos de mis amigos, amores y maestros. Con tanto amor y tolerancia rodeando a una familia, era imposible no volverse adicto a ellos y probablemente por eso, había épocas en que dormía más allá que en mi propia casa. Recuerdo que no había nada mejor que despertar y oler el chocolate caliente que todas las mañanas lo esperaba a uno batido por la misma persona que inspira estas palabras, o la dulce voz en las mañanas de colegio: niñassssss…, que solo provocaba despertarse con más ánimo para ir a afrontar un nuevo día. Igualmente no todo eran risas y al momento de reprender y castigar, estos padres putativos lo hacían sin excepción a quien fuera o propio de la casa pero sí a quien justamente lo merecía. Esos regaños siempre seguidos de una conversada de muchas horas de ¨porque si¨ y ¨porque no¨ ¿Quién iba a pensar que los problemas se resolvían hablando? Eso para un adolescente no era la regla sino la excepción, y fue en esa casa donde esa lección me quedó de por vida. Lo contagioso de esa casa no era solo la manera en que discutían sus problemas, sino también la ética con que hacían cada uno sus cosas, y la regla #1 de la casa, aunque nunca lo dijeron, pero que al conocerlos a todos (Patri, Samy, Martica y Alejo), parece que mereciera estar escrito en una placa a la entrada de la casa, era la rectitud con la que esos padres enseñaban a llevar a cabo cada una de las cosas en sus vidas, y yo tan de buenas que pasaba por ahí… algo aprendí de esa regla implícita en la familia. Aclaro, no soy santa ni perfecta, de ningún manera; tengo muchos errores y cosas por corregir para ser la persona que anhelo ser algún día, pero una cosa tengo muy clara: día a día, como médica y como persona, trato de hacer las cosas de la forma más correcta, con mucho amor y siguiendo las reglas, porque alguien hace mucho me mostró que ese camino de obrar correctamente y con los valores y la ética por encima de muchas cosas, solo lleva a una vida feliz. Así que sé que tengo muchos errores que cometer todavía, y sé que tú también, pero que los que te conocemos y amamos sabemos que nunca los harías con malicia ni mucho menos con la intención de herir o dañar. Gracias por enseñarnos tanto a tantos que hemos pasado por tu hogar Samuel Arango M, sigue enseñándole al mundo con tus palabras, que algunos nunca dejaremos de leer.

 

PERIODÍSTICAS DE MARTA LUCÍA GÓMEZ

También yo, Marta Lucía, tendré mi espacio en Caja Mágica. Aquí publicaré mis artículos. Siempre bajo la categoría de Periodísticas.

Me oriento a los temas de cultura ciudadana porque cada día compruebo más lo maleducados que somos. Lo peor,  no veo qué podemos hacer para cambiar la actitud de los ciudadanos de Medellín.

Requerimos campañas, grandes campañas,  que nos muestren que la ciudad es responsabilidad de cada uno de nosotros y no sólo de la administración de turno.

Denuncias, presentación de ejemplos de aquí y de allá, , motivación, discusión, opiniones, etc., sobre la cultura ciudadana, eso es lo que pueden encontrar aquí. Bienvenida la conversación para que construyamos juntos.

Incluiremos también lo positivo de nuestra ciudad y región. Los esfuerzos de muchas personas para que tengamos una ciudad y un departamento mejores, modernos. No me importa de qué sector sean. La clase: positivismo, construcción. Estoy cansada de que todo lo critiquemos, que siempre queramos acabar con quienes hacen algo, más bien espero la mirada aportante, las buenas ideas para mejorar.

Y destacaré un sector en el que trabajé en mis últimos años: el sector social. Aprendí mucho de la gente generosa que sirve a los demás.

ME ARREPIENTO

ME ARREPIENTO

Por Samuel Arango M.

Siempre busco algo de qué arrepentirme. Encontré varios pecados, aunque ahora me arrepiento de creer que exista el pecado.

Me arrepiento de haber ido, apoyado y disfrutado las corridas. Con los años y la experiencia me convencí que son brutales, despiadadas, crueles e inhumanas. Además, se nota un sadismo extremo cuando el espectador, no lo dice pero lo siente, espera que el toro encuerne al torero y lo mande a la enfermería o al otro lado. Las corridas deberían prohibirse tajantemente. Hacen al hombre aún más bruto.

Me arrepiento de haber fumado más que puta presa. Es un vicio que se adquiere por falta de personalidad y para dar la sensación de madurez y adultez. Fuera de eso es lo más irrespetuoso que pueda existir frente a los demás. Chupar humo para envenenarse es ridículo y también sin sentido.

Me arrepiento de haber pasado horas mirando peleas de boxeo y lucha. No puede ser que un ¿deporte? que tenga como objeto acabar o matar al otro, sea una actividad protegida y publicitada. Toda nación que quiere ser algo, debe prohibirlos. Por dignidad.

Me arrepiento de haber sido tan ingenuo como para creerle a Serpa y Samper que no sabían del dinero de la mafia en la campaña. Y lo más grave es que se hayan convertido con nuestro permiso en maestros de ética ciudadana, ahí si se redondea la estupidez de los colombianos.

De haber creído que la lucha guerrillera era sincera y podría servir para arreglar tantas injusticias. Cincuenta años de muerte, pobreza, dolor y sin ningún resultado.

Me arrepiento de haber creído que García Márquez es muy simpático. Que es un escritor del otro mundo, si, pero que le haya ayudado al país o que se haya puesto el overol para trabajar por Colombia, no lo he visto.

Me arrepiento de haber creído en los espantos de Santafé de Antioquia cuando era pequeño. Ahora descubro que eran inventos de los maridos que se volaban por la noche para donde las muchachas aquellas.

Me arrepiento de haber hecho varias dietas para rebajar y luego haber subido 10 kilos más.

Me arrepiento de haber tenido tantas creencias religiosas que parecían inamovibles, como el machismo o el celibato y al final descubrir que eran carajadas.

Me arrepiento de algunos resentimientos y dolores que cargué inútilmente y que dañaron por unos días mi calidad de vida.

Vale la pena acudir a una historia popular conocida:  Se encontraban un maestro y uno de sus discípulos cuando se les aproximó una persona que empezó a lanzarle todo tipo de insultos al maestro. El Maestro permanecía impávido. Cuando el otro se cansó de que el maestro no reaccionara, se fue. El discípulo preguntó:

-¿Cómo así, maestro, que ese hombre lo insulta y usted se queda callado.

El maestro respondió con otra pregunta, lo que suelen hacer lo sabios:

  • Cuando a ti te dan un regalo que no te gusta y que no recibes, ¿a quién pertenece el regalo?
  • Pues al otro, maestro.
  • Lo mismo, cuando uno no recibe algo que no le gusta, el problema es del otro.