DESPACIO CON EL ESPACIO

DESPACIO CON EL ESPACIO

Por Samuel Arango M.

Decía el abuelo que si una persona desea conocer qué clase de familia es la de su nueva novia, lo mejor era entrar al baño de la casa de ella. Si éste era limpio, organizado, bien mantenido, esos factores reflejaban una familia ordenada, de valores, digna de confianza. Si por el contrario, el baño estaba descuidado, desordenado, sucio, descascarado, etc., esa familia no era de confiar. Dime cómo vives y te diré quién eres.

Hace unos años, las casas eran espaciosas, llenas de patios, con comedor independiente. Se entraba por el zaguán que era un corredor entre la puerta que daba a la calle y la que daba acceso al interior de la casa. Era un sitio en donde se saludaba efusivamente al visitante. De ahí se pasaba al corredor del patio central que tenía cuatro lados y que recibía el flujo de las habitaciones, la cocina, el baño social, el comedor. Un patio amplio lleno de matas y a veces con una fuente de agua en el centro.

Las habitaciones eran en galería, es decir, unidas unas con otras por la puerta. Se tenía una lujosa sala, que sólo se usaba cuando los visitantes eran muy importantes y además se contaba con el recibo que era el sitio de reunión de los de la casa y de los visitantes de confianza. Toda esta amplitud, con espacio para jardines, incluía el solar para criar animales y sembrar frutales. Eran familias numerosas (de 8 a 12 hijos y a veces más) que giraban alrededor de la casa paterna en donde la mamá mandaba sin discusiones. Acudían los hijos, las nueras o yernos, los nietos, los amigos. La decoración era abundante. Los muebles eran artesanales o traídos de Europa y muchas veces pasaban de generación en generación. Se colocaban cuadros en todas las habitaciones (láminas europeas de extraordinaria calidad) y no podía faltar el cuadro del Sagrado Corazón en la sala principal.

Pero los tiempos cambiaron y se pasó a espacios mucho más reducidos, multifuncionales y menos decorados. Ya son pocos hijos. El hogar ahora se circunscribe a papá, mamá e hijos. Son autosuficientes y habitan un espacio cómodo pero reducido y los objetos que se encuentran dentro son los estrictamente necesarios. La sala y el comedor se unieron, la cocina ya no es espaciosa puesto que no es necesario cocinar para mucha gente y porque queda poco tiempo. El mobiliario es escaso y un sofá es al mismo tiempo cama, una biblioteca es también cuarto de estar.

El nuevo hogar gira alrededor de las pantallas. Ya no del televisor solamente sino de la cantidad de pantallas que los miembros de la familia utilizan para todas sus muy diferentes y variadas actividades. Ahora existe un televisor para cada uno de los moradores. Pero además se presentan otras pantallas, portátiles y de uso personalizado.

El mundo cambia y nosotros con él, y no podemos decir con certeza, como decía el poeta: “siquiera se murieron los abuelos”

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