¡El tacto, lo cura!

¡El tacto, lo cura!

Por Samuel Arango M.

Al principio era el tacto.

Cuando empezamos a existir, en el seno cálido de nuestra madre, se comenzaron a gestar unos maravillosos canales de comunicación con el mundo exterior. Nuestra piel, primer medio de comunicación,  sintió un ambiente líquido, calido, suave, afectuoso, tranquilizador, plácido. De vez en cuando la posición de nuestra madre nos incomodaba, la presión sobre nuestra piel nos molestaba y pedíamos mediante el pataleo o la acomodación un cambio de posición. Casi que diferenciamos, a partir del tacto, lo cómodo de lo incómodo, lo agradable de lo desagradable. Habíamos iniciado procesos elementales de comunicación, a un nivel muy primario e instintivo, con el ambiente que nos rodeaba. Desarrollamos, sin saberlo, el primer nivel de la estética: lo agradable.

A aquel ambiente tan placentero se le añadieron poco a poco  las primeras sensaciones de los otros sentidos como el oído, al punto que llegamos a diferenciar las voces más frecuentes y cercanas como la de la madre y la del padre. De igual manera, el olor del líquido amniótico, influenciado por los estados de ánimo de la madre y la adrenalina, empezó a penetrar nuestra fosas nasales en formación. El sabor lo sentimos en los labios y la boca y hasta empezamos a chupar dedo en un gesto natural de succión temprana acompañada de sabor. El medio ambiente que nos rodeaba se hizo familiar y acogedor. Los latidos del corazón de la madre y los propios ya fueron detectados y se relacionaron con estados de tranquilidad y de intranquilidad, según fueran las circunstancias de la mamá. Casi a los nueve meses sufrimos los primeros síntomas de disconfort y estiramos las piernas y los brazos para abrirnos campo en un espacio que ya sentíamos estrecho. La mamá entendía nuestro mensaje y se acomodaba mejor para que no sufriéramos.

El gran trauma

Pero llegó el día del nacimiento y ese día al cambio fue total, dramático y traumático. Todos nuestros sentidos sintieron un verdadero golpe. El calorcito permanente y plácido se cambió por una temperatura seca y desequilibrada, o muy caliente o muy fría. Los ojos recibieron un puñetazo de luz y la pupila se cerró con brusquedad y dolor. La piel se encogió para protegerse. Extraños olores, nunca percibidos antes, entraron a borbotones por la nariz creando un verdadero desconcierto. El sabor dulzón del líquido amniótico se tornó salado y la cara tuvo que hacer una mueca de espanto.

Nacimos a un mundo extraño y a una cultura aún más extraña. La separación de la madre se hizo casi total desde un principio, ya no estábamos juntos. Su calor y su ternura que eran percibidas a través de la piel se perdieron completamente. Ahora la superficie del bebé la tocaban sensaciones extrañas, no cómodas y desapacibles. Uno de los factores de seguridad y de agradabilidad se había perdido. A partir de ahí, y por razones más que todos culturales, la piel de la madre y del niño empezarían a comunicarse muy poco. Este lenguaje, el primero, empezó, desde el día del nacimiento, prácticamente a atrofiarse. Desde ese momento, NO TOQUE o no lo toquen empezó a mandar el mundo de la comunicación con el exterior.

La lucha por tocar

La naturaleza rebelde buscó, de todas maneras, defenderse. Como bebés seguimos asiendo y tocando todo lo que se nos atravesaba. Era nuestro contacto con el mundo exterior al que habíamos aprendido a conocer a través del tacto. Pero las pautas culturales nos fueron alejando del tacto. Las caricias que en el seno materno eran permanentes, se fueron espaciando hasta que cuando adultos se convirtieron en pecado. Las palmadas para que no tocara desplazaron los contactos de piel.

Pero la necesidad no desaparece. En todas partes, la sociedad tiene que colocar avisos de NO TOCAR. De no conocer mejor las cosas, de no comunicarse mejor.

Solamente cuando el amor irrumpe en nuestra vida, con la fuerza de la adolescencia, el tacto retoma un poco su importancia. Aquellos primeros roces con el ser que nos atrae son eléctricos, sensacionales. La primera cogida de mano, las primeras caricias y luego las horas eternas tomados de las manos o piel contra piel. Un lenguaje nuevo empieza a desarrollarse entre los seres que se aman a través del tacto amoroso. Mensajes que no pueden ser codificados en palabras. Sensaciones no sólo físicas sino espirituales.

Todos experientamos los mensajes a través del tacto. Incluso, no podemos negar la existencia de una burbuja exterior que nos proteje, nos aleja, nos separa o nos distingue de los demás. Un tocada de una persona extraña, no aceptada o rechazada es incómoda, es violenta. El tacto parece llenarse de energía negativa que rechaza la otra energía que trata de violentarme al tocarme sin permiso.

Todos sabemos que cuando acompañamos a alguien que sufre una pena, lo mejor es simplemente estrecharle la mano con cariño, sin palabras que suenan falsas o convencionales. Es un mensaje que rebasa los tan  estrechos significados del lenguaje tradicional.

Quienes hemos tenido seres adorados muy enfermos o en el trance de la muerte, sabemos que con las caricias, con la mano estrechada, se dan mensajes de amor, de vida, de solidaridad, de acompañamiento, de belleza, casi de divinidad.

Con razón

Por eso, cuando en el mundo se experimenta con las mamás canguros y se remplaza el frío calor de la incubadora con el regazo tierno de una madre, lo que se está cambiando es vida, es comunicación, es recuperación rápida, es la placidez de una relación que ofrece seguridad, tranquilidad, paz, estabilidad.

Y si la experiencia con los bebés es exitosa, con los adultos no deja de ser también alentadora. Algunos llaman la experiencia como abrazoterapia. Es la utilización del tacto amoroso para superar las crisis. Cuando un hijo llora, sobran las palabras. Una cabeza acariciada, un abrazo estrecho, borra un mundo de incertidumbre. Hasta la muerte se calma cuando una mano amorosa ayuda al moribundo. El tacto es un medio de comunicación especial para intercambiar amor.

Violencia sexual, grave delito

Por Marta Lucía Gómez de Arango

El tema del artículo anterior de Samuel. Una mujer ultrajada,  me produce terror, me encoje el alma. No soy capaz de imaginarme las situaciones que viven, han vivido,  estas niñas, mujeres, y hasta niños y jóvenes.

Porque si sólo el abuso sexual es aterrador, cómo será todo lo demás, como el tener que ser compañeras sexuales obligadas y por turnos, de los guerrilleros; los abortos sanguinarios con destrozo de los fetos, que eran obligadas a mirar; las prácticas para evitar la concepción. Leer las descripciones de estos casos de mujeres que fueron reclutadas a la fuerza, aún siendo niñas, o que se enrolaron para buscar una vida mejor, produce un gran dolor, que nunca será igual al que ellas vivieron y siguen viviendo.

La violencia sexual en el conflicto colombiano es aterradora.

Así en el papel no fueran permitidos, parece que los abusos han sido ¨política oculta¨, según dice un artículo publicado por El Tiempo el domingo 5 de abril de 2015. EL ATERRADOR EXPEDIENTE DE VIOLENCIA SEXUAL DE LAS FARC, un artículo que debe ser leido. Dejo el enlace.

La pregunta es qué tratamiento se dará a los delitos de abusos sexuales. La guerrilla dice que los guerrilleros no pueden ser judicializados como los otros criminales. Ellos aseguran que la justicia sí es un problema para los diálogos. ¿cuál será el tratamiento del abuso sexual en el conflicto armado colombiano? ¿qué respuesta se da a las víctimas de este atroz crimen?

Las mujeres de Colombia debemos manifestarnos frente a este abuso aterrador, cometido por actores del conflicto. Sobre los culpables debe recaer todo el peso de la justicia.

Una mujer ultrajada, pero son cientos o miles

Una mujer ultrajada

Por Samuel Arango M.

En una cafetería bogotana me encontré con una exguerrillera reinsertada. Tenía unos 23 años aunque aparentaba más de 30. Nos presentamos, ambos participábamos en un seminario internacional sobre minas antipersonas.

Hablaba con la calma fría del alma herida. Me contó que vivía en el campo, cerca a Samaniego, Nariño. Sembraba maíz con sus padres y un hermano más. Cierto día llegaron a su casa unos 10 guerrilleros de las Farc, fuertemente armados. Ella tenía 15 años. Hablaron con sus padres y les comunicaron que se llevaban a la niña para que se enrolara en sus filas, dudaron en llevarse al hermanito pero afirmaron que el niño podía esperar un poco pues sólo tenía 10 años. Los padres suplicaron llorosos que no se la llevaran, los subversivos les prometieron que les enviarían una buena suma de dinero mensual, nunca cumplieron.

Se internaron en el gran macizo colombiano. Varios días de caminata hasta llegar a un campamento en el Ecuador. Allí le dieron instrucción militar y le enseñaron, junto con otros niños, a armar las minas antipersona. Horas de adoctrinamiento, basado en el odio a los explotadores terratenientes, a los comerciantes, a los militares, tanto soldados como policías. Cantaban cada mañana el himno de la organización mientras izaban la bandera de Colombia, ornada con el escudo de las Farc.

La metralla clavos, tornillos, pedazos de lata que contenían las minas que aprendieron a elaborar tenían que ser impregnadas de sus propias materias fecales, para que no solo hirieran a las víctimas sino que les causara una severa infección. Conoció una mina que habían desarrollado en su grupo que no explotaba sino que cuando la pisaban brincaba y explotaba en la cara.

Le toco ver la angustia de un campesino de la región que perdió una de sus piernas en una mina que ella había construido y colocado. Los jefes le pedían a este humilde campesino 500 mil pesos por “haber dañado la mina” El campesino huyó con toda su familia.

Los viernes, la niña temblaba. Al aproximarse la noche, luego de la cena, le informaban el nombre del guerrillero del campamento que ese día debía recibir sus caricias, sus favores sexuales. Con dolor en el alma perdió su virginidad y debió aguantar cada fin de semana los clientes revolucionarios. Hasta que decidió conquistar a uno de los comandantes del grupo. A partir de ese momento recibió mejor trato ya que era exclusiva de su nuevo dueño, que la hacía respetar aunque no la respetaba él mismo. Por desgracia quedó embarazada a los 16 años. Por meses ocultó su secreto hasta que su novio la descubrió. La llevaron a una carpa hospital y una estudiante de  medicina le hizo un raspado dolorosísimo, en el cuerpo, pero especialmente en el alma. Vio a su bebé descuartizado, en pedazos. Lloró muchos meses y su rostro perdió la sonrisa para siempre.

Decidió escapar a la primera oportunidad, tardó dos años más en lograrlo y lo hizo cuando la tropa se acercó, en medio del combate. Ahora tiene otro nombre y trabaja en un empleo que le permite estudiar y ganar su sustento. Se llevó su familia para la gran ciudad. No ha podido enamorarse porque la vergüenza se le metió en sus entrañas. Ansía la paz,  pero ella ya no tiene paz.

La verdadera PAZ

La verdadera paz

 Por Samuel Arango M.

Un hombre, cansado de esperar que la fortuna le sonriera, decidió vender su tierrita y caminar por el mundo para buscar una mina de diamantes que le asegurara una vida holgada y una vejez tranquila. Durante meses viajó por todo el país buscando su oportunidad. Al final, sin un centavo en el bolsillo, desesperanzado, triste, fracasado, regresó a su pueblo. Al llegar encontró que quien le había comprado su terruño había encontrado en él una inmensa mina de diamantes y era ahora el hombre más rico del universo. 

Sí, esa es una historia conocida que nos repiten en charlas de motivación. También ahora es un ejemplo para reflexionar, porque uno se pregunta si en todos estos procesos de paz que hay en el país,  de pronto estamos buscándola donde no está. O la PAZ es algo más profundo y tiene que ver con cada uno de nosotros.

Valdría la pena intentar un proceso de paz basado en la reflexión, en la interiorización de conceptos universales que rigen la existencia humana. Los que predicaron Buda, Mahoma, Jesucristo, Mahatma Gandhi, Teresa de Calcuta. No se trata de abrir cuentas bancarias para todos. Se trata de hacer una revolución en los corazones y en las almas. Se trata de esculcar en el fondo de todos nosotros los valores de autoestima, de conocimiento y respeto del ser humano como tal,  de espiritualidad entendida como el otro elemento, sine qua non, que conforma la existencia humana.

Se trata de interiorizarnos para encontrarnos y encontrar a los demás y ver que somos distintos e iguales al mismo tiempo, pero respetables todos. De que si no hay un compromiso interior por  la vida, por la salud, por la educación, por el desarrollo, no hay paz. Que para lograr la paz exterior hay que buscar con ahínco y constancia la paz interior. Paz es perdonar y empezar de nuevo. Paz es lograr el despego de lo superfluo, de lo material. La paz no está en el cuerpo, en las cosas, es un estado del alma. Paz es compartir no solo lo que se tiene sino lo que se es. Es dar amor, es brindar apoyo, es servir de hombro a quien lo necesita para llorar o descansar. Es acompañar al que está solitario, es sacrificarse por el bien de los demás. Es buscar la felicidad en la tierra con la seguridad de que la paz es un bien comunitario. Paz es la capacidad de tolerarnos, de entendernos y respetarnos en medio de todas las diferencias. Paz es desterrar las armas, enterrarlas. Es desarmar los espíritus. Es gastarse todo el empeño en progresar juntos. Paz es sentarse a idear un mundo mejor, una ciudad mejor, un barrio o pueblo mejor, una familia mejor.

Paz es encontrar en el fondo del alma los elementos que nos harán felices. Es equilibrio, es bondad, es disciplina.

La paz no se encuentra en los papeles, en las leyes, en las amnistías políticas y pasajeras. Es un profundo convencimiento, tan hondo que nos hace actuar febrilmente para alcanzarla. Es empezar una y otra vez, de cero, la construcción del mundo de nuestros anhelos. Es ponerle emoción y creatividad a la existencia. Es vivir unidos en un esfuerzo común por realizar un sueño.

La paz se trabaja en uno mismo, en nuestro alrededor. Paz de los hermanos entre sí, entre los padres, con los hijos, con los amigos, con los vecinos, con los compañeros, con los ciudadanos, con todos. La paz no es excluyente.

Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad. Ahí está la clave. Voluntad de salir adelante, voluntad de hacer habitable nuestro mundo. Voluntad de servir, de enfrentar los problemas con decisión, con coraje, con generosidad. La paz es para los que aman, los que luchan, los que se estiman, los que respetan, los que no creen que el dinero lo es todo, los que dan y dan y dan y dando reciben paz.

La paz no es un programa mal planteado de gobierno o de candidato a disfrutar el poder omnipoderoso. La paz es una cultura interior. Paz es encontrarse a sí mismo y proyectar su luz sobre los otros.

La paz es una navidad eterna, es voluntad, buena voluntad.

No son lo mismo la paz del Papa Francisco y la paz de La Habana.

“No existen caminos para la paz, la paz es el camino”. (Mahatma Gandhi)

JESUCRISTO Y LAS MUJERES

JESUCRISTO Y LAS MUJERES

Por Samuel Arango M

Por alguna razón que resulta desconocida, el hombre ha sido considerado como un ser superior sobre las mujeres. La misma historia bíblica que narra metafóricamente la historia de Adán y Eva, muestra que ella salió de la costilla de él, planteando de esta manera una marcada diferencia: a ella como dependiente. Lo curioso es que este mismo esquema se encuentra en varias leyendas indígenas colombianas, que nada tenían que ver con la versión bíblica.  Claro que no falta quien con buen humor afirme que Dios creó primero al hombre que a la mujer porque para hacer una obra perfecta, primero había que hacer un borrador…

LA MUJER EN EL ANTÍGÜO TESTAMENTO

Prácticamente la historia de la humanidad, en cualquiera de las culturas que hasta ahora han existido, siempre ha establecido la superioridad del hombre sobre la mujer. La Biblia narra la historia de salvación del pueblo judío y en todas las situaciones la mujer se encuentra por debajo del hombre. Siempre son los varones quienes dirigen al pueblo judío, son ellos quienes deciden sobre su destino siguiendo las ordenes del Dios varón. Cabe preguntarse qué habría sucedido si Jesucristo hubiese sido mujer…. A pesar de que la condición de sexo no determinaría para nada la condición de Dios, hubiera sido una experiencia interesante, para observar cómo la sufrirían o mejor la interpretarían los varones…. Por otra parte, la Biblia, en varios de sus textos, enfatiza la diferencia entre los dos sexos de manera explícita:

“Así como de los vestidos sale la polilla, así de la mujer la maldad” afirma el libro del Eclesiástico y remata con esta otra frase: “Una hija es para su padre un tesoro engañoso”

En el Levítico encontramos esta otra cita que afirma muy bien el carácter absolutamente machista de la religión judía: “Una mujer vale exactamente la mitad que un varón”

De hecho, fue Eva y no Adán la culpable del pecado original al convencer a Adán de desobedecer a Dios.

El recorrido por los textos sagrados del Antigüo Testamento muestra infinidad de situaciones que confirman la clara discriminación contra las mujeres. No existían (ni existen) “rabinas”. El mismo templo de Jerusalem no permitía el ingreso de las féminas sino que éstas debían permanecer en el atrio asignado para ellas.

La verdad es que todas estas afirmaciones y hechos harían trastabillar la fe de las mujeres creyentes.

 

 

 

JESÚS Y LOS FILÓSOFOS

 

Pero no solamente la Biblia enfatiza en todas las formas el predominio absoluto de los hombres sobre las mujeres. Los grandes filósofos de la Humanidad, los clásicos e inmortales, expresaron ideas que hacen incluso dudar de la seriedad de su filosofía. Si no, cómo se explican afirmaciones como que las mujeres son “inferiores a los jovencitos” que se atrevió a pronunciar Platón. O como lo dijo el más grande de todos los tiempos cuando afirmó que la mujer es “defectuosa e incompleta por naturaleza” (Aristóteles) Y todavía más aterradora es la frase de Eurípides quien creía que la mujer era “el peor de los males”  Y otro de los filósofos menores, Epicteto, fue capaz de comparar a la mujer con la comida y exclamó sin rubor: “La mujer está en el mismo plano que las delicias del paladar”

Para Pitágoras, la mujer “fue creada del principio negativo que generó también el caos y las tinieblas, mientras que el varón surge del principio bueno que generó la luz y el orden”

Confirma más el machismo galopante de la filosofía tradicional el pensamiento de Filón: “Conviene que la mujer quede en casa y viva en retiro”

Y en este mismo sentido, se encontró una tumba romana con el siguiente revelador epitafio: “Domi mansit, lanam fecit” (cuidó de la casa y tejió)

 

EN LOS DÍAS DE JESÚS

 

Sobre la existencia histórica de Jesús pueden tejerse muchas conjeturas, pero la verdad es que los historiadores, por ejemplo del célebre Jesus Seminar de Califonia no dudan sobre su realidad. Existe una carta de Publio Léntulo, gobernador de Judea, enviada a Tiberio, el Emperador romano, cuyo manuscrito se guarda en la biblioteca de los Padres Lazaristas, en Roma y que dice:

 

“Te envío, Majestad, la respuesta que con tanta ansiedad esperabas. Últimamente ha hecho su aparición en Judea un hombre dotado de extraordinario poder; lo llaman El Gran Profeta; sus discípulos lo apellidan Hijo de Dios. Su verdadero nombre es Jesús. A diario se cuentan de él raros prodigios: resucita a los muertos, cura todas las enfermedades y tiene asombrada a Jerusalén con su extraordinaria doctrina. Es de aspecto majestuoso, de resplandeciente fisonomía, llena de suavidad; a la vez severo y dulce, inspira respeto y amor a quien lo ve. Su cabello es del color del vino y desciende ondulado sobre la espalda, donde se parte en dos, al estilo nazareno. Su frente es pura y altiva; tiene el cutis sonrosado  y límpido; su boca y su nariz son perfectas; su barba abundante y del mismo color de sus cabellos; sus ojos son azules, plácidos y brillantes; sus manos finas y largas; sus brazos, de una gracia encantadora. Es semejante a su madre que es la más bella figura que se haya visto en estos contornos (…)

Nadie lo ha visto reír, pero muchos lo han visto llorar. Va con los pies descalzos y la cabeza descubierta. Viéndolo a distancia hay quien lo desprecie, pero estando en su presencia no hay quien no se estremezca con hondo respeto. Cuantos se acercaron a él dicen haber recibido enormes beneficios: pero hay quienes lo acusan de ser un peligro para el César porque afirma que reyes y esclavos son todos iguales ante Dios…

Mándame sobre el particular lo que quieras y serás prontamente obedecido¨.  Léntulo”

 

El día, la hora y el lugar seleccionados por Dios para llegar al mundo estaban también inmersos en el profundo machismo tanto de la religión judía como del imperio romano, dominante en los territorios de Galilea y sus alrededores. Uno de los pensadores (?) de la época de Jesucristo, Aulo Gellio, de gran influencia en su época dijo sin dificultad acerca de las mujeres: “Un mal necesario”

El Culto de Mitra, también en boga en los tiempos de Jesús y en el mismo territorio predicaba sin ambages: “Las mujeres no cuentan”.

 

Un ejemplo claro de machismo extremo de esos tiempo lo constituye la oración que diariamente recitaban los rabinos: “Bendito seas Señor  porque no me has hecho gentil, mujer o esclavo” y no les daba vergüenza afirmar: “Mucho mejor sería que la ley desapareciera entre las llamas antes que ser entregada a las mujeres”

 

LA MUJER EN LA VIDA COTIDIANA

 

La situación cotidiana de la mujer en Nazaret, población donde probablemente nació y creció Jesús y donde  vivió su madre María, los hermanos y hermanas de Jesús y todas sus relacionadas, era claramente dominada por los varones. Estas son algunas de las características predominantes:

·       Posesión del marido: A él estaban sujetas. No podían hablar ni actuar con libertad. Todas sus acciones debían ser aprobadas por el cónyuge a quien ellas servían con dedicación absoluta.

·       No podían salir de la casa sino lo necesario para que el hogar funcionara.

·       Tenían que usar velo para salir y evitar así ser miradas o admiradas por otros hombres.

·       No podían conversar a solas con ningún hombre y si lo hacían debían estar acompañadas por el marido.

·       Ante cualquier sospecha de infidelidad, debían someterse a la prueba de los celos que consistía en poner la mano en el fuego y no quejarse. Si lo hacían era consideradas infieles y merecían el cruel castigo previsto contra ellas, no contra ellos. El castigo en muchos casos era morir apedreadas por su marido y los hombres presentes. En el más leve de los casos el marido las abandonaba y ellas quedaban marcadas con la ignominia y la impureza al punto que nadie se les podía acercar.

·       En caso de poligamia del marido. La esposa estaba obligada a tolerar las otras mujeres, sin protestar.

·       La esterilidad de la pareja era siempre atribuida a ella y no se sospechaba siquiera que pudiera ser un problema del varón. Era una vergüenza pública que sólo podía suceder por culpa de la esposa.

 

Pero no solamente eran las costumbres sino que también las leyes establecían la diferencia total. Estos son algunos aspectos reglamentados por las leyes imperantes:

 

·       Indigna de participar en las fiestas religiosas. Cuando ellas acudían al templo debían permanecer en el atrio en un sitio especialmente asignado para ellas.

·       No podían estudiar la Torá o ley judía.

·       Les estaba prohibido aprender a leer y a escribir, así que eran del todo analfabetas.

·       No se aceptaba su testimonio en los juicios. Se pensaba que las mujeres, como los esclavos, no eran creíbles.

·       Ritual de purificación. Después de los ciclos menstruales de cada mes, o del parto, la mujer debía efectuar un rito de purificación que le permitiera reingresar a la vida cotidiana, mientras tanto era considerada una impura y pecadora.

·       El nacimiento de una niña era considerado una desgracia mientras se celebraba con júbilo el nacimiento de los varones.

 

JESÚS Y LAS MUJERES

 

Este era pues el ambiente, las costumbres y las leyes que Jesús encontró a su llegada. Claramente machistas y resultado de siglos de tradición. Le tocaba a El asumir el reto de desafiar el statu quo existente y asumir las consecuencias que de ello podrían derivarse. Evidentemente que en su condición de Dios no podía condescender con el estado de dominación absoluta del hombre sobre la mujer, pero debía ser prudente en la forma como iba a demostrar la igualdad que le corresponde a ambos sexos como Hijos de Dios.

 

Infortunadamente y continuando con la tradición, quienes escribieron sobre la vida de Jesús, TODOS eran varones y lo hicieron ya pasados más de tres décadas de su muerte. Estos varones compartían plenamente la cultura machista y la reflejaron, inexorablemente en sus escritos. Es lógico que tanto Pedro como  Pablo escribieran epístolas a los seguidores de Cristo en las que enfatizaban que la mujer debe estar sujeta al hombre y debe servirle en todo momento y que en caso de infidelidad masculina ella debía permanecer en su casa y simplemente orar para que la oveja perdida regresar a su hogar. Por otro lado, los cuatro evangelistas que narraron algunos pocos aspectos de la vida de Jesús, lo hicieron desde la misma óptica y muy posiblemente con el interés de aminorar la intensidad de las relaciones de Jesús con las diferentes mujeres que se cruzaron en su vida. Sin embargo, es posible leer entre líneas la calidad de la relación de Jesús y ellas.

 

Como punto de partida es interesante anotar que fue María la que siempre estuvo presente en la vida de Jesucristo, desde antes de su nacimiento hasta después de su muerte. En este aspecto, José apenas pareció jugar un papel secundario dentro de la historia. No supimos cuándo murió y prácticamente nada de su vida.

Pero si le aplicamos a la lectura del evangelio el filtro necesario para diferenciar la realidad de Jesús con lo que narraron con el tiempo sus seguidores, vamos a encontrar maravillosas lecciones.

 

Las mujeres fueron las protagonistas desde los primeros días de la existencia de Jesús en la tierra y aun desde antes. Obviamente que fue su madre, María, la más destacada. Desde la Anunciación hasta la visita a su prima Isabel, las mujeres empezaron a jugar el papel protagónico que tuvieron a lo largo de la vida de Jesús.

Siempre lo acompañaron durante su predicación y prácticamente organizaban la logística de las reuniones, aunque los evangelistas no las nombraban por su nombre, simplemente hablaban de las mujeres, sin particularizar. (Lc 8, 1-13; Mc 15, 40-41;    Lc 23, 27-29).

 

Jesús siempre habló con positivo afecto de las mujeres, con comprensión (Jn 8,2-11), con perdón (Lc 7,36), infundiéndoles ánimo (Jn 4,5), brindándoles ayuda (Mt 9,18), en tono de sincera amistad (Jn 11,1-43).

 

Rompió sin dudas una de las reglas más celosamente guardadas en la sociedad y conversaba con ellas en público: Con la madre de Santiago y Juan (Mt 20,20) La Samaritana (Jn 4,1-42) La hemorroísa o mejor la sangrante (Mt 9,22).

 

No las discriminó en sus milagros y fueron ellas las protagonistas frecuentes de su obrar milagroso (Mt 9,22)  (Lc 13,10) (Mc 1,29; 5,25; 5,41).

 

Las usó reiteradamente como ejemplos positivos: Las novias (Mt 25,1-13) La viuda y el juez (Lc 18, 1-5) La parturienta y el cielo (Jn 16,21).

 

Se atrevió, sin miedo,  a conversar con extranjeras e incluso consideradas enemigas, como lo hizo con la Samaritana (Jn 4,1-42) y también con la sirofenicia (Mc 7,24-30).

 

No tuvo remilgos para entablar conversación con pecadoras reconocidas y llegó a  afirmar con rudeza y abierto desafío que: “Ellas precederán a los demás en el reino de los cielos” (Mt 21,31)  Uno de los pasajes más reveladores y que enfrentaban la cultura de su momento fue la escena en la que El perdona a una mujer adúltera y deja a los sabihondos con la cabeza gacha y avergonzada (Jn 8,2-11).

 

Jesús nunca ocultó su profunda, efectiva y afectiva amistad con varias mujeres que eran sus amigas del alma: María Magdalena, Marta y María (Jn 11,5), María Cleofás. Las diferentes escenas en la casa de Marta, María y Lázaro son conmovedoras. Mientras Marta trabajaba para atender a su Señor, María disfrutaba de su conversación y le prodigaba sus cuidados amorosos. La protesta que las dos hermanas le formularon porque su hermano había muerto y El no se encontraba presente, habla muy bien de la intensidad de la relación entre Jesús y ellas.

 

Es sin duda muy sintomático que fueran las mujeres, y un buen grupo que no fue identificado y que lloraba por las torturas, además de sus más cercanas, quienes fueron sus compañeras en la cruz: María, su madre; la hermana de María, María Cleofás, María de Magdala y Juan. Los hombres en su mayoría huyeron…

 

Pero fueron igualmente ellas las primeras en enterarse de la resurrección del Señor y quienes dieron aviso a los hombres. Este hecho no se dio, como afirmaba un empedernido machista, para que se supiera rápidamente la noticia sino para demostrar que eran ellas las que por su cercanía al corazón debían saberlo primero: María Magdalena y María Cleofás.

 

Una de las escenas más bellas contadas por los evangelistas esprecisamente el emotivo encuentro personal de Jesús con María Magdalena. Ella fue la primera en verlo y reaccionó de acuerdo con la intensidad de su relación, hasta el punto que el Maestro tuvo que pedirle que no lo tocara más (Jn 20,11-28) La relación entre Jesús y María Magdalena ha dado mucho de qué hablar y especular pero no se puede, con base en los evangelios, llegar a saber enteramente la verdad. De todas maneras era una relación digna de Jesús y no es loco asumir que ella pudiera ser su esposa, hecho que por lo demás sería completamente normal. En caso de soltería de Jesús, con seguridad que se habría conocido por lo que constituía un hecho extraño y además no aceptado por la sociedad del momento. Queda la duda.

 

Al final de relato evangélico narra igualmente la visita del Espíritu Santo a algunos de sus discípulos, quienes se encontraban congregados alrededor de María. Ella continuaba con su papel protagónico que le fue dado desde el principio.

 

Para rematar esta visión rápida de las relaciones de Jesús con las mujeres hay que destacar que contrariamente a los discípulo que pregonaban la supremacía del hombre sobre la mujer, Jesús nunca habló en estos términos sino que cuando se refirió explícitamente a las relaciones de pareja, a la unión hombre-mujer, expresó sin titubeos que “sean los dos una misma carne”, en términos de igualdad y libertad.

 

 

LA MUJER EN LA IGLESIA

 

Existe plena claridad de que los discípulos eran hombres casados, como era lo normal, e incluso se llega a hablar de la suegra de Pedro, el primer Papa. Sin embargo, los evangelistas no tuvieron en cuenta a las mujeres, por razones que ya dimos. Pero el papel de las mujeres en le Iglesia ha sido en realidad opaco, gracias a la cultura machista imperante a través de su historia. No obstante han existido en la Iglesia Católica varios Papas casados, sin que ello haya constituido una aberración. Tal es el caso, en el año 867, de Adriano II, casado y con una hija que vivían con el en el Vaticano y que inexplicablemente fueron secuestradas y luego asesinadas. También fue notorio el Papa Benedicto IX (año 1045) quien fue elegido a la edad de 12 años y que se retiró a los 20 para casarse pero que fue nuevamente elevado al cargo, aun casado.

 

No dudamos que en el futuro no muy lejano, la Iglesia revisará sus políticas acerca del celibato y la participación de las mujeres en las jerarquías eclesiásticas. El mensaje y el ejemplo de Jesús fueron contundentes, pero leídos por hombres profundamente enraizados en culturas machistas, han dado sin duda una visión tergiversada y acomodada de la realidad. Mujeres sacerdotes, curas casados, féminas en la dirección de la Iglesia no se contraponen en nada con el mensaje de palabra y de hecho que Jesús vino a traer a la tierra.

 

 

FUENTES PRINCIPALES:

 

·       Biblia de Jerusalem

·       Los Cuatro Evangelios

·       Vida y Misterio de Jesús de Nazaret. José Luis Martín Descalzo

·       Conversaciones con el Padre Gustavo Vélez, Misionero Javeriano.

 

 

 

Fábula no fabulosa

FÁBULA NO FABULOSA
Por SAMUEL ARANGO M.

“Una vez, tres toros estaban paciendo en un prado. Oculto tras unos matorrales acechaba un león, pero no se atrevía a atacarlos porque estaban los tres juntos. Pensó emplear la astucia y acercándose comenzó, con pérfidas insinuaciones, a fomentar la desconfianza entre ellos. La estrategia tuvo pleno éxito: los tres toros empezaron a mirarse con recelo y al poco rato se fueron apartando uno de otro, esquivándose deliberadamente y paciendo cada cual por su cuenta. No esperaba otra cosa el león. Se arrojó sobre el primer toro, luego sobre el segundo y finalmente sobre el tercero y los destrozó”. (Enciclopedia UTHEA para la Juventud).

Casi 50 años echando bala, para nada. Cerca de 50.000 muertos para nada. Incontable número de heridos, para nada. Más de 3.000 secuestros, para nada. Cerca de 15.000 niños reclutados y armados, para nada. Miles de víctimas de minas antipersona para nada. Pueblos destruidos, para nada. Billones de pesos en petróleo derramado, para nada. Con las armas no lograron nada. Eran terroristas, eran secuestradores, eran asesinos, eran saqueadores, eran extorsionistas, eran victimarios. Con tantos años de muerte, miseria y terror, los logros de la guerrilla en los pasados 50 años eran todos negativos y perversos.

Pero de la noche a la mañana todo cambió. La varita mágica del presidente Santos los convirtió, como en los cuentos de hadas, de sapos en príncipes. Ahora, no son terroristas, son combatientes. Ahora no son victimarios, son víctimas. Ahora no son narcoterroristas sino adversarios políticos. Los crímenes, incluidos los de lesa humanidad, ya no son crímenes, ahora, por la varita, son simplemente errores. Los procesos penales se suspenden para darles puesto con el Estado. No habrá cárcel para ellos. La cárcel para los de ruana o para los contradictores del Santo régimen. Ellos ahora serán senadores, diputados, concejales. Todos los colombianos que hemos sufrido pagaremos con nuevos impuestos sus nuevos cargos. De deshonestos y criminales a doctores, con una firma, con la varita.

Las inmensas fortunas que los guerrilleros poseen se respetarán. Las caletas con billones de pesos se quedarán con ellos, los jefes. Las tierras, miles de hectáreas a nombre de terceros, serán de los jefes. Los dineros en la banca extranjera, millones de dólares y de euros, se quedarán para deleite y gloria de los cabecillas de la iniquidad. Paraísos fiscales para ellos en los países cómplices como Venezuela y Cuba. Ahora son caballeros.

La guerrilla logró en 3 años lo que no pudo en 50. Ahora las armas seguirán siendo las que disparan, explotan y matan, porque no las van a entregar pero también serán las palabras de ellos, los que han sido graduados de honestos, contra los deshonestos que hemos trabajado toda la vida y que hemos conseguido algo con el trabajo honrado, continuo y duro.

Lo negro es ahora blanco, lo blanco es ahora negro. El gris se ha terminado por decreto. Que quede claro: ¡Ansío la paz con justicia!

(Traducción de la fábula: El león: Farcsante. Los tres toros: Legislativo, Ejecutivo y Judicial…).

El Angel; una historia real

El Angel

Samuel Arango M.

El noticiero de las siete de la noche abrió su espacio con una impresionante imagen de una mujer que colgaba de un balcón de un octavo piso. Según el locutor, durante tres horas esa mujer de unos treinta años de edad estuvo a punto de lanzarse al vacío. La posible suicida había asesinado horas antes a su pequeña hija de sólo tres años. Las imágenes mostraron cuando un policía poco a poco se acercó a ella y con un rápido movimiento la tomó del brazo y evitó que se lanzara. Al día siguiente, la fotografía de todos los periódicos mostraba en primera página a la mujer en el balcón en el momento de ser rescatada. No había aún una clara razón que la motivara a efectuar semejante crueldad. La noticia me impactó, como a todos en la ciudad, pero pronto me vi inmerso en el denso trajín de un trabajo agobiador.

A la mitad de la mañana, la secretaria me informó que había una llamada telefónica para mí, con carácter personal. Tomé la bocina y respondí:

Aló, ¿hablo con el Cónsul de Colombia?

Sí señor, en qué puedo servirle,

Señor Cónsul, ¿vio usted la noticia de una mujer que asesinó a su niña y que luego intentó suicidarse?

Sí, claro, impresionante y dolorosa.

Señor Cónsul, esa mujer se llama Alicia, está en la cárcel central, es colombiana y necesita su ayuda.

¿Puedo saber quién habla?, indagué.

No importa, por favor ayúdela.

Durante varios minutos me quedé mirando la ciudad que se dominaba desde mi ventana. Varios sentimientos encontrados se atropellaron en mi mente. Caía una suave nevada.

Al día siguiente, en la cárcel central, pabellón femenino, me encontré con una joven abogada de oficio que le había sido asignada a Alicia. Nos sentamos en una de las pequeñas salas de visita de la prisión y ella me narró la historia completa. Me alertó que Alicia estaba muy trastornada, a ratos incoherente. Que había aceptado verme pero que a lo mejor no se daba cuenta de lo decía o hacía. Que entendiera las circunstancias.

Cruzamos las rejas que nos separaban del cubículo para visitas especiales. La abogada entró primero, luego yo. Lo que vi, no se me ha podido borrar de la mente. Una pequeña mujer, con los pies montados en el estrecho taburete, vestida con una bata antisuicidio, me miraba desde el fondo de su ser con pánico. Temblaba como un pajarillo recién capturado. Sus ojos verdes, vidriosos, eran una mezcla extraña de enajenación y realidad. No pude hablar. Me senté a su lado en otra silla y simplemente le tomé la mano. Así estuvimos, mirándonos a los ojos, varios eternos minutos. Poco a poco me percaté de ella. Medía un poco más de metro y medio. Blanca, pálida, cerosa, menuda. Un pelo rubio y encrespado, enloquecido, rodeaba su cabeza. Unas manos muy finas que me causaron escalofrío. Las imaginé apretando la almohada contra el rostro de la niña.

Seguíamos callados los tres. Al fin, irreverente, rompí el sagrado silencio:

– Alicia, no tema. Sólo quiero ayudarla, si usted acepta.

Nuevamente nos miramos despacio a los ojos. Su temblor era ahora más suave. Empezó a balbucir frases cortas:

– Mi niña era un ángel. Yo la adoro. Soy un monstruo. Lo hice para ayudarle, ahora está a salvo. Ella era un ángel. Me van a matar. No quiero que sepan en Colombia. No hagan escándalo. Mi niña era bella. Mi niña, mi niña, mi niña, mi niña…

Yo solo atinaba a balbucir también algunas palabras. No tema. Amor es lo único que sana. Confíe en Dios, en la gente buena.

La abogada miraba sin comprender las pocas frases que nos decíamos, ella no hablaba español. Alicia entró como en letargo y se quedó con la vista fija en mi. No volvió a modular. La abogada hizo una señal y la guardiana que había permanecido en la puerta entró para llevársela.

Le prometí a Alicia que volvería al día siguiente, si ella quería. Dijo sí con la cabeza y nos abrazamos. Sentí, cuando caminó alejándose de mí, que parte de mi alma también quedaba presa.

Le pedí a la abogada que era urgente la asistencia profesional de un sicólogo. Ella estuvo de acuerdo y de hecho ya había pedido esa ayuda. Nos citamos al otro día, a las 10 de la mañana. Sería una larga espera.

Esta vez Alicia estaba sola. Entró a la pequeña sala donde yo la esperaba arrastrando su tragedia. Ojos brotados y brillantes, caminar lento y pesado, cabeza agachada. La abracé y nos sentamos frente a frente. Ahora hablaba hilvanando bien las ideas, siempre y cuando no se refiriera a su Angel. Cuando nombraba a la niña entraba como en trance y sólo decía palabras entrecortadas. No le volví a mencionar a la niña. Hablamos sobre el proceso que se venía. Sobre la abogada a quien ella le había tomado confianza. Sobre su aislamiento de las demás reclusas, por temor a que la asesinaran. Una hora escuché sus historias de la cárcel. Cuando salí, tenía clara una conclusión: Se iba a suicidar, no tenía más opción.

Pasaron los días, los meses. Continué hablando con ella, la mayoría de las veces por teléfono. Murmuraba horas enteras y casi ni le entendía lo que me decía. Hablaba bajito, como susurrando. Al final, colgaba tranquila. Ahora Alicia se ha dedicado a la oración y a servir a las demás reclusas. Empiezan a estimarla. El juicio se orienta a declararla enferma mental y por lo tanto, más que prisión, requiere tratamiento.

Mientras tanto, no para de taladrar mi mente la dura realidad. La cruel y despiadada historia detrás de Alicia. Su esposo, un europeo, era un ser depravado y monstruoso. Bebía y les pegaba a ella y a la niña. Trató de abusar sexualmente de su angelito y ella lo abandonó. Luego se inició la lucha legal por la custodia de la hija. Varios meses de angustia. Alicia no permitiría que el ángel cayera en manos de un demonio. Haría hasta lo imposible. Pero un desgraciado hecho la desquició. Perdió su trabajo. En esas condiciones no podría garantizarle al Angel las condiciones exigidas. Por eso, tomó la almohada cuando el Angel dormía y la ahogó. Luego ella se tomó todas las píldoras para los nervios y para dormir que tenía, para morir al lado de la niña. Todo había terminado. El monstruo no tendría al Angel.

De pronto, unos golpes la despertaron. Ella contempló aterrorizada el cuerpecito frío que yacía a su lado. Miró por la mirilla de la puerta y vio al agente de la policía que tocaba el timbre. Corrió hacia el balcón, para tirarse del octavo piso. Abajo, empezó a arremolinarse la gente. La puerta sonaba con los golpes de los policías que la llamaban. No era capaz de brincar. Al fin, cayó la puerta, el agente se le acercó y trató de calmarla. No se tire, la ayudaremos, confíe. Ella no era capaz de lanzarse. La atraparon bruscamente. Al policía abrazarla para impedirle el movimiento, un papel que él llevaba en la mano se arrugó. Era la orden del juez que le concedía la custodia de la niña a la mamá.